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AUTOBIOGRAFIA

 Mi nombre es Raquel Huarcaya Ircañaupa y soy una joven orgullosa de mis raíces andinas. Nací un día muy especial, el 11 de julio del año 2002, en el departamento de Huancavelica, provincia de Angaraes, distrito de San Antonio de Antaparco, anexo Santa Rosa de Lambras. Actualmente tengo 22 años y estoy muy agradecida con la vida por todo lo que he vivido y aprendido hasta ahora.

Vengo de una familia humilde, trabajadora y muy unida. Soy la última hija de cinco hermanos, y aunque uno de mis hermanos, el cuarto, falleció en el año 2017, siempre lo llevamos en el corazón como un ángel que nos cuida desde el cielo. Mis otros hermanos y mi hermana ya tienen sus propias familias, pero seguimos en contacto porque el cariño entre hermanos nunca muere.

Mis padres son personas muy valiosas para mí. Mi mamita Clotilde Ircañaupa Huamancusi, una mujer luchadora y de buen corazón, que me ha enseñado a nunca rendirme. Mi papito Eloy Huarcaya Huamani, un hombre trabajador, sabio y lleno de consejos. Ellos son mi fuerza y mi mayor ejemplo. Gracias a su esfuerzo y sacrificio, yo puedo seguir estudiando y soñando con un futuro mejor.

Estudié mi nivel inicial y primaria en la escuela N.° 36252 de Santa Rosa de Lambras, donde pasé momentos muy bonitos, cursé la secundaria en la institución educativa Jesús Nazareno, en el distrito de Julcamarca, donde aprendí muchas cosas, hice amigas y también descubrí que quería ser maestra.

Desde pequeña, mi sueño siempre fue estudiar Educación Inicial, porque me encantan los niños, me gusta enseñar jugando, cantando, bailando. Cuando los veo aprender algo nuevo, mi corazón se llena de alegría. Ahora estoy cumpliendo ese sueño, ya que soy estudiante de Educación Inicial en la Escuela Pública Pedagógica Nuestra Señora de Lourdes, en Ayacucho. Es un camino difícil, pero también muy bonito. Me esfuerzo cada día porque sé que todo valdrá la pena.

Además de estudiar, tengo otras pasiones. Me encanta practicar la danza, sobre todo nuestras danzas tradicionales que muestran la riqueza de nuestra cultura. También me gusta mucho jugar vóley, es una de mis actividades favoritas, porque me ayuda a relajarme, hacer amigas y mantenerme activa.

Mi meta más grande es ser una buena maestra, de esas que dejan huella en el corazón de sus estudiantes. Una maestra que no solo enseña, sino que acompaña, comprende y guía con amor. Quiero regresar algún día a mi comunidad y aportar desde mi profesión. Estoy convencida de que, con esfuerzo, humildad y fe, todo es posible. Mi historia recién comienza, y estoy lista para seguir escribiéndola con orgullo, esfuerzo y mucho amor por la educación.  




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